El Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz y la Laudato si’ del Papa Francisco

P. Antonio Barrios, carmelita teresiano

1) Introducción

  • Voy a utilizar el Cántico B, por ser la última redacción donde el santo precisó algunos puntos en base a su experiencia y enseñanza.
  •  El mismo Juan de la Cruz dice en su Prólogo que hay libertad para comentar las Canciones con otras interpretaciones y adecuaciones, lo cual nos da ‘permiso’ para leer el Cántico a la luz de la Laudato si’:

“Por haberse, pues, estas canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz general…; y esto tengo por mejor, porque los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración” (Prólogo, 2).

No olvidemos que el santo se inspira sobre todo en el Cantar de los Cantares (tanto para el poema como para el comentario), y en toda la ‘Escritura divina’, que están llenos de alusiones a la naturaleza creada (cfr Prólogo, 4).

  • Para ampliar nuestro tema son útiles las reflexiones de Xabier Pikaza, quien publicó:
    • en 1992: “El Cántico espiritual de san Juan de la Cruz. Poesía, Biblia, Teología” (San Pablo, Madrid);
    • en 2004: “Amor de hombre. Dios enamorado. San Juan de la Cruz, una alternativa” (Desclée, Bilbao);
    • en 2017 acaba de publicar “Ejercicio de amor. Recorrido por el Cántico espiritual de san Juan de la Cruz” (San Pablo, Madrid), en el cual afirma que “de manera sorprendente pero lógica, en su encíclica Laudato si’ (2015)… el papa Francisco ha dedicado a san Juan de la Cruz un número clave (234), que constituye quizá el centro teológico del documento” (p.67).
    • Además escribió un interesante artículo relacionado con nuestro tema el 10/7/15, titulado ‘Esas Montañas es mi Amado para mí’, en el cual tiene otras afirmaciones ‘provocatorias’:
      • “Desde un punto de vista teológico, la referencia más importante del Papa Francisco en su encíclica no es la del Cántico de Francisco de Asís (Laudato si’), sino la de San Juan de la Cruz, cuando dice que “las cosas del mundo son Dios” (CB 14-15,5)”
      • “Esta cita… es buena, de lo mejor que se ha dicho sobre el tema. Pero tengo la impresión de que el Papa no expresa aquí toda la hondura de Juan de la Cruz, a su forma de vincular (identificar) ecología y teología”

2) Resonancias del Cántico Espiritual en la Laudato si’

  • El Papa Francisco aborda sobre todo los temas relacionados con la tierra, el agua y el aire:

“La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que « gime y sufre dolores de parto » (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (LS 2).

San Juan de la Cruz mostrará en su Cántico la riqueza innumerable de la Creación: el huerto, las flores, las guirnaldas, las rosas, las azucenas, los perfumes, el ramo; el manzano y las granadas; el ciervo, la cabra montesa y los gamos; las fieras, las raposas, los leones, los lobos y la caballería; el ganado y el cerco; el pájaro solitario, la paloma, el ave fénix, la tortolica, la filomena, las aves ligeras y el nido; el otero, los montes y riberas; montañas y valles; la vega, las cavernas, ínsulas y ríos; bosques y espesuras; el pasto y el prado; los sotos, el collado, las majadas y el ejido; las esmeraldas; la viña y el vino; el agua pura, la cristalina fuente, el mar y los peces; el cierzo y el austro; la aurora, las mañanas, el mediodía, la noche, el cielo, las estrellas, los planetas celestiales.

El Papa describe cómo los elementos principales (agua, aire y tierra) muestran el maltrato sufrido por el mal uso de la casa común (LS 2). Esos elementos (y otros) aparecerán en CB significando la inagotable riqueza del Amado (CB 12;13;14;20;36;39;40).

Al abordar la cuestión del agua, con la contaminación de ríos, lagos y mares (LS 29) viene a la mente el canto sanjuanista del agua como reflejo del ser y del actuar de Dios (Trinitario), y signo bíblico ambivalente de muerte y vida: CB 12 (cristalina fuente), 14 (ríos sonorosos), 20 (aguas de dolor que entran en el alma), 36 (el agua pura que mana de la contemplación de la hermosura del Amado), 40 (las aguas espirituales que hacen descender la caballería de la parte sensitiva). Habría que añadir también las veces que habla del ciervo en busca del agua (CB 1;12;13;20) y del mismo Amado identificado con la imagen del ciervo: “También yo, como el ciervo, herido de tu amor, comienzo a mostrarme a ti por tu alta contemplación, y tomo recreación y refrigerio en el amor de tu contemplación” (CB 13,2). Merece especial atención la identificación sanjuanista de los “ríos sonorosos” con las propiedades del “torrente del Espíritu de Dios” (CB 14-15, 9).

Al tratar el tema de la tierra, el Papa recuerda la enseñanza bíblica de que << “la tierra es del Señor” (Sal 24,1), a Él pertenece « la tierra y cuanto hay en ella » (Dt 10,14). Por eso, Dios niega toda pretensión de propiedad absoluta: «La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois forasteros y huéspedes en mi tierra » (Lv 25,23)>> (LS 67).

Esta referencia intrínseca de la tierra a su Creador aparece constantemente en CB, en los “montes y riberas” (3), “bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado” (4), “Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos” (14), “vámonos a ver en tu hermosura al monte y al collado” (36), “a las subidas cavernas de la piedra nos iremos” (37).

Al recordar el Papa cómo San Francisco miraba a las flores como una alabanza a la belleza de Dios (LS 11-12), no podemos olvidar que san Juan de la Cruz habla repetidas veces de las flores y de la hermosura del Amado (CB 3.4.5.11.16.17.18.24.30.33.36).

En la Encíclica el Papa menciona el Cántico franciscano de las creaturas, con la hermana luna, el cielo y las estrellas (LS 87). San Juan de la Cruz hablará en su Cántico Espiritual del “prado de verduras, de flores esmaltado” (CB 4), donde el Santo hace alusión al cielo, “las hermosas estrellas y otros planetas celestiales” (CB 4,4). La Laudato si’ recuerda cómo San Francisco habla también del hermano viento, el hermano fuego y la noche que ilumina (LS 87), lo cual nos hace recordar las numerosas menciones de estos elementos en el Cántico sanjuanista: “la noche sosegada” (14-15) y “la noche serena, con llama que consume y no da pena” (39). El Papa cita también la alusión franciscana al hermano viento y al aire (LS 87); el Amado sanjuanista también se identificará con los “aires amorosos” (14-15), el “austro, que recuerdas los amores” (17) y “el aspirar del aire” (39).

El maltrato de la naturaleza va unido al tema del consumismo, donde el Papa Francisco hace ver también el vacío interior de la persona individualista que sólo intenta calmar sus deseos:

“Cuando las personas se vuelven autorreferenciales y se aíslan en su propia conciencia, acrecientan su voracidad. Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir” (LS 204).

Este vacío interior que está en la raíz del consumismo aparece colmado en el alma enamorada del Cántico Espiritual por su experiencia de Dios que le hace no necesitar nada: “Pues ya si en el ejido de hoy más no fuere vista ni hallada, diréis que me he perdido; que, andando enamorada, me hice perdidiza, y fui ganada” (CB 29), explicando que el ejido es el mundo “donde los mundanos tienen sus pasatiempos y tratos y apacientan los ganados de sus apetitos” (CB 29,6). Y en CB 28 canta la libertad de la persona que ya no guarda ganado diciendo: “ya no ando a dar gusto a mi apetito ni al ajeno, ni me ocupo ni entretengo en otros pasatiempos inútiles ni en cosas del mundo” (CB 28,7). El santo habla también del alma que se ha olvidado de Dios por estar sumergida entre las criaturas (cfr CB 1,1) y de la necesidad de salir de todas las cosas criadas y de sí misma (cfr CB 1,2.6.9.20).

  • La naturaleza es presentada en la Encíclica como una criatura que gime y clama (LS 2). En CB también aparece con esa capacidad de ‘hablar’, dialogando con el alma enamorada y proclamando lo que el Amado ha hecho en ella (CB 5).

Al tratar el tema de la extinción de especies vegetales y animales, el Papa Francisco dice: “Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje” (LS 33). Esta capacidad de alabanza y de comunicación de las creaturas sintoniza con el CB, cuando el alma enamorada encuentra en ellas rastros de su Amado, aunque no acaben de decirle lo que ella quiere (3.4.5.6). Más adelante, la admirable diversidad de las creaturas simbolizarán las numerosas realidades que serán puestas en armonía por el conjuro del Amado (CB 20-21). Esa misma armonía recuerda la Creación, cuando vio Dios que todo era bueno y estaba en orden, al servicio de su creatura preferida, el ser humano, antes de que entrara el desorden por el pecado.

La Laudato si’ recuerda que la Biblia proclama que <<los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios y, «por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2416), porque el Señor se regocija en sus obras (cf. Sal 104,31)>> (LS 69). El Papa recuerda también la enseñanza del Catecismo de la Iglesia Católica, 339, que dice: “Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad infinitas de Dios” (LS 69). Los salmos <<invitan a las demás criaturas a alabarlo: «¡Alabadlo, sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes, alabadlo, cielos de los cielos, aguas que estáis sobre los cielos! Alaben ellos el nombre del Señor, porque él lo ordenó y fueron creados » (Sal 148,3-5)>> (LS 72). En el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz encontramos un verdadero cántico de las creaturas a su Creador, que se convierte en el Amado que ha hecho toda esa belleza para su Amada (5;14;15).

El Papa recuerda el lenguaje amoroso de la Creación donde se manifiesta la ternura divina: “Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios” (LS 84). “La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?” (LS 225). Por eso el alma enamorada del Cántico Espiritual encuentra la huella de su Amado en las creaturas (5) y luego llega a afirmar que su Amado es toda esa hermosura de las creaturas (14-15).

“En esta canción responden las criaturas al alma, la cual respuesta, como también dice san Agustín en aquel mismo lugar, es el testimonio que dan en sí de la grandeza y excelencia de Dios al alma que por la consideración se lo pregunta” (CB 5,1). “Echa de ver el alma en aquella sabiduría sosegada en todas las criaturas, no sólo superiores sino también inferiores, según lo que ellas tienen en sí cada una recibido de Dios, dar cada una su voz de testimonio de lo que es Dios; y ve que cada una en su manera engrandece a Dios, teniendo en sí a Dios según su capacidad; y así, todas estas voces hacen una voz de música de grandeza de Dios y sabiduría y ciencia admirable” (CB 14-15,27).

San Juan de la Cruz aclara que, aunque todas las creaturas hablan del Creador, el alma enamorada siente que no saben decirle al que ella quiere: “yo a ti todo quiero, y ellos no me saben ni pueden decir a ti todo; porque ninguna cosa de la tierra ni del cielo pueden dar al alma la noticia que ella desea tener de ti, y así no saben decirme lo que quiero. En lugar, pues, de estos mensajeros, tú seas el mensajero y los mensajes” (CB 6,7).

  • La destrucción de la belleza de la naturaleza es presentada en la Encíclica como un pecado contra la obra de Dios: “Parece que pretendiéramos sustituir una belleza irreemplazable e irrecuperable, por otra creada por nosotros” (LS 34). Esto nos remite al CB que proclama la belleza de la creación como hecha por la gracia y hermosura del Amado, imprimiéndole su huella Divina (5;14;15).

Citando al Patriarca Bartolomé, el Papa Francisco habla de “los vestidos sin costuras de la creación de Dios” (LS 9), lo cual nos hace recordar que SJ+ dice que “con sola su figura vestidos los dejó de hermosura” (CB 5). “Echa de ver el alma haber en ellas tanta abundancia de gracias y virtudes y hermosura de que Dios las dotó, que le parece estar todas vestidas de admirable hermosura y virtud natural, sobrederivada y comunicada de aquella infinita hermosura sobrenatural de la figura de Dios, cuyo mirar viste de hermosura y alegría el mundo y a todos los cielos… Y, por tanto, llagada el alma en amor por este rastro que ha conocido de las criaturas de la hermosura de su Amado, con ansias de ver aquella invisible hermosura que esta visible hermosura causó, dice la siguiente canción” (CB 6,1).

El Papa recuerda la mirada contemplativa de Jesús sobre la belleza de la Creación: “El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro. Cuando recorría cada rincón de su tierra se detenía a contemplar la hermosura sembrada por su Padre, e invitaba a sus discípulos a reconocer en las cosas un mensaje divino” (LS 97). Esos temas de la hermosura de la Creación y su mensaje divino aparecen también en el Cántico sanjuanista, especialmente en la estrofa 5.

El Papa Francisco nos invita a pasar de la belleza ambiental y arquitectónica a la belleza del ser humano y de sus vivencias de comunión: “No basta la búsqueda de la belleza en el diseño, porque más valioso todavía es el servicio a otra belleza: la calidad de vida de las personas, su adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua” (LS 150). En el Cántico Sanjuanista aparece tanto la hermosura de las creaturas como la belleza de la amada, ciertamente hermoseada por el Amado. Las estrofas 32 y 33 del CB cantan esa obra embellecedora de la mirada de gracia del Amado:

“Cuando tú me mirabas, su gracia en mí tus ojos imprimían; por eso me adamabas, y en eso merecían los míos adorar lo que en ti vían. No quieras despreciarme que, si color moreno en mí hallaste, ya bien puedes mirarme después que me miraste, que gracia y hermosura en mí dejaste”.

En la estrofa 5 había dicho que el Amado con su mirada vistió de su hermosura a las creaturas; en la estrofa 33 usará palabras parecidas para decir que el Amado con su mirada ha vestido de su hermosura a su Amada:

“Animándose ya la esposa y preciándose a sí misma en las prendas y precio que de su Amado tiene, viendo que por ser cosas de Él… merece ser estimada por ellas, atrévese a su Amado y dícele que ya no la quiera tener en poco ni despreciarla… que ya después que Él la miró la primera vez, en que la arreó con su gracia y vistió con su hermosura, que bien la puede ya mirar la segunda y más veces, aumentándole la gracia y la hermosura…” (CB 33,3).

  • El Papa Francisco invita en su encíclica a descubrir a Dios presente en cada una de sus creaturas:

“El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas” (LS 233).

Y en la nota 159 dice: “Un maestro espiritual, Ali Al-Kawwas, desde su propia experiencia, también destacaba la necesidad de no separar demasiado las criaturas del mundo de la experiencia de Dios en el interior. Decía: «No hace falta criticar prejuiciosamente a los que buscan el éxtasis en la música o en la poesía. Hay un secreto sutil en cada uno de los movimientos y sonidos de este mundo. Los iniciados llegan a captar lo que dicen el viento que sopla, los árboles que se doblan, el agua que corre, las moscas que zumban, las puertas que crujen, el canto de los pájaros, el sonido de las cuerdas o las flautas, el suspiro de los enfermos, el gemido de los afligidos… »”.

En el Cántico Espiritual, san Juan de la Cruz se sirve de muchas realidades de la Creación para mostrar la presencia del Amado que va siendo descubierto y conocido cada vez más profundamente por su Amada, sobre todo en las canciones 14 y 15, afirmando que “todas esas cosas es su Amado en sí, y lo es para ella”, que “cada una de estas grandezas que se dicen es Dios, y todas ellas juntas son Dios”, y que “en aquella posesión siente serle todas las cosas Dios” (CB 14-15,5).

El Papa Francisco le ha dedicado a este tema sanjuanista el #234: 

“San Juan de la Cruz enseñaba que todo lo bueno que hay en las cosas y experiencias del mundo «está en Dios eminentemente en infinita manera, o, por mejor decir, cada una de estas grandezas que se dicen es Dios». No es porque las cosas limitadas del mundo sean realmente divinas, sino porque el místico experimenta la íntima conexión que hay entre Dios y todos los seres, y así «siente ser todas las cosas Dios». Si le admira la grandeza de una montaña, no puede separar eso de Dios, y percibe que esa admiración interior que él vive debe depositarse en el Señor: «Las montañas tienen alturas, son abundantes, anchas, y hermosas, o graciosas, floridas y olorosas. Estas montañas es mi Amado para mí. Los valles solitarios son quietos, amenos, frescos, umbrosos, de dulces aguas llenos, y en la variedad de sus arboledas y en el suave canto de aves hacen gran recreación y deleite al sentido, dan refrigerio y descanso en su soledad y silencio. Estos valles es mi Amado para mí» (CB 14-15,6.7)”.

Pikaza comenta que “san Juan de la Cruz sabe que, en un sentido, las cosas no son Dios (ni un amado humano) y pocos han destacado como él la fragilidad y finitud del mundo. Pero, en otro sentido, vinculándose al Amado, el amante sabe o, mejor dicho, siente que todas son Dios para él, siendo el Amado. En el ámbito del conocimiento racional, ellas son diferentes del amado, en dura objetividad. Pero en contemplación de amor son hermanas, son el mismo Amado. Sólo quien ama descubre y sabe que, desbordando argumentos y razones, todas las cosas son Amado, pues en él existen y se hacen presentes (cf. Jn 1, 1-5; Col 1, 15-18)” (Esas montañas, art. cit.).

En su último libro, Pikaza dirá que “el Cántico (de san Juan de la Cruz) nos introduce en el secreto de la ecología específicamente cristiana, que no es ya expresión de la divinidad sin más de la naturaleza, separada de los seres humanos, sino de la naturaleza hecha campo de amor en que los hombres y mujeres pueden gritar y decir ¡gocémonos Amado… en el monte y el collado!” (Ejercicio de amor, p. 523).

El Santo abunda en estas referencias a la presencia divina en las creaturas:

“Las criaturas son como un rastro del paso de Dios, por el cual se rastrea su grandeza, potencia y sabiduría y otras virtudes divinas” (CB 5,3).

“Después del ejercicio del conocimiento propio, esta consideración de las criaturas es la primera por orden en este camino espiritual para ir conociendo a Dios, considerando su grandeza y excelencia por ellas” (CB 4,1).

“Estas diferencias y grandezas sola la mano del Amado Dios pudo hacerlas y criarlas. Donde es de notar que advertidamente dice: por la mano del Amado, porque, aunque otras muchas cosas hace Dios por mano ajena, como de los ángeles o de los hombres, ésta, que es criar, nunca la hizo ni hace por otra que por la suya propia” (CB 4,3).

“Su Amado es para ella la noche sosegada” (CB 14-15,22).

“Echa de ver el alma una admirable conveniencia y disposición de la Sabiduría en las diferencias de todas sus criaturas y obras, todas ellas y cada una de ellas dotadas con cierta respondencia a Dios, en que cada una en su manera da su voz de lo que en ella es Dios, de suerte que le parece una armonía de música subidísima, que sobrepuja todos saraos y melodías del mundo. Y llama a esta música callada porque, como habemos dicho, es inteligencia sosegada y quieta, sin ruido de voces; y así, se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio. Y así, dice que su Amado es esta música callada, porque en él se conoce y gusta esta armonía de música espiritual” (CB 14-15,25).

San Juan de la Cruz habla de la presencia de Dios en todas las creaturas por esencia: “La primera (presencia) es esencial, y de esta manera no sólo está en las más buenas y santas almas, pero también en las malas y pecadoras y en todas las demás criaturas. Porque con esta presencia les da vida y ser, y si esta presencia esencial les faltase, todas se aniquilarían y dejarían de ser” (CB 11,3).

Pero esta presencia divina ni es transparente ni es plena, como será en la eternidad: “Pero, así estas presencias espirituales como las demás, todas son encubiertas, porque no se muestra Dios en ellas como es, porque no lo sufre la condición de esta vida” (CB 11,3).

  • El Papa Francisco dice en la Laudato si’ que el misterio de la Encarnación de Cristo llega a asumir incluso el cosmos creado:

“El prólogo del Evangelio de Juan (1,1-18) muestra la actividad creadora de Cristo como Palabra divina (Logos). Pero este prólogo sorprende por su afirmación de que esta Palabra « se hizo carne » ( Jn 1,14). Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz” (LS 99).

San Juan de la Cruz dirá en su Cántico Espiritual:

“Miró Dios todas las cosas que había hecho, y eran mucho buenas (Gen 1, 31). Y el mirarlas mucho buenas era hacerlas mucho buenas en el Verbo su Hijo” (CB 5,4).

La imagen bíblica de la “mano” aparece claramente citada por el Papa, cuando habla de la necesidad del “redescubrimiento y el respeto de los ritmos inscritos en la naturaleza por la mano del Creador” (LS 71). “La creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos” (LS 76). Esto nos remite a los “bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado” (CB 4).

San Juan de la Cruz se servirá también de la realidad de la Creación para cantar la Encarnación y Redención, donde el Amado le dio su Mano:

“Debajo del manzano, allí conmigo fuiste desposada, allí te di la mano, y fuiste reparada donde tu madre fuera violada” (CB 23).

“Dios crió todas las cosas con gran facilidad y brevedad y en ellas dejó algún rastro de quien él era, no sólo dándoles el ser de nada, mas aun dotándolas de innumerables gracias y virtudes, hermoseándolas con admirable orden y dependencia indeficiente que tienen unas de otras, y esto todo haciéndolo por la Sabiduría suya por quien las crió, que es el Verbo, su Unigénito Hijo” (CB 5,1).

“Con sola esta figura de su Hijo miró Dios todas las cosas, que fue darles el ser natural, comunicándoles muchas gracias y dones naturales, haciéndolas acabadas y perfectas, según dice en el Génesis (Gn. 1, 31) por estas palabras: Miró Dios todas las cosas que había hecho, y eran mucho buenas. El mirarlas mucho buenas era hacerlas mucho buenas en el Verbo, su Hijo. Y no solamente les comunicó el ser y gracias naturales mirándolas, como habemos
9 dicho, mas también con sola esta figura de su Hijo las dejó vestidas de hermosura, comunicándoles el ser sobrenatural; lo cual fue cuando se hizo hombre, ensalzándole en hermosura de Dios, y, por consiguiente, a todas las criaturas en él, por haberse unido con la naturaleza de todas ellas en el hombre” (CB 5,4).

San Juan de la Cruz se servirá de la imagen del árbol para cantar la Redención realizada por Cristo, integrando así la Creación con la Salvación:

“Declara el Esposo al alma en esta canción la admirable manera y traza que tuvo en redimirla y desposarla consigo por aquellos mismos términos que la naturaleza humana fue estragada y perdida, diciendo que, así como por medio del árbol vedado en el paraíso fue perdida y estragada en la naturaleza humana por Adán, así en el árbol de la cruz fue redimida y reparada, dándole allí la mano de su favor y misericordia por medio de su muerte y pasión, alzando las treguas que del pecado original había entre el hombre y Dios” (CB 23,2).

El árbol de la Cruz será visto también como el lugar del desposorio:

“Debajo del favor del árbol de la Cruz, que aquí es entendido por el manzano, donde el Hijo de Dios redimió y, por consiguiente, desposó consigo la naturaleza humana, y consiguientemente a cada alma, dándola él gracia y prendas para ello en la Cruz” (CB 23,3).

El Papa describe bellamente cómo la Humanidad gloriosa de Cristo Resucitado ha revestido de nueva luminosidad a las creaturas:

“Las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa” (LS 100).

“Para la experiencia cristiana, todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva: «el Cristianismo no rechaza la materia, la corporeidad; al contrario, la valoriza plenamente en el acto litúrgico, en el que el cuerpo humano muestra su naturaleza íntima de templo del Espíritu y llega a unirse al Señor Jesús, hecho también él cuerpo para la salvación del mundo»(Juan Pablo II)” (LS 235).

En el Cántico Espiritual, san Juan de la Cruz dirá que “en este levantamiento de la Encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección según la carne, no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podremos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura y dignidad” (CB 5,4)

  • La Eternidad es presentada en la Encíclica como un encuentro con la infinita belleza divina y con toda la Creación transfigurada a semejanza de Cristo Resucitado:

“Al final nos encontraremos cara a cara frente a la infinita belleza de Dios (cf. 1 Co 13,12) y podremos leer con feliz admiración el misterio del universo, que participará con nosotros de la plenitud sin fin. Sí, estamos viajando hacia el sábado de la eternidad, hacia la nueva Jerusalén, hacia la casa común del cielo. Jesús nos dice: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados” (LS 243).

Esto nos recuerda, en primer lugar, la categoría sanjuanista de la belleza y hermosura para hablar del Amado, y por otra parte, nos recuerda la descripción sanjuanista de “aquello que me diste el otro día” (CB 38), que es “el día de la eternidad de Dios” (CB 38,6), donde el alma enamorada sabe que “la ha de transformar de hecho el Esposo en la hermosura de su sabiduría creada e increada, y que allí la transformará también en la hermosura de la unión del Verbo con la Humanidad” (CB 38,1).

Para describir ese “aquello que me diste el otro día” el Santo recurre también (como el Papa) al Apocalipsis 2-3, con la riqueza simbólica (y tomada de la Creación) del árbol de la vida, la corona de la vida, el maná escondido, la piedrecita (cálculo) blanca, el nombre nuevo, la estrella matutina, las vestiduras blancas, etc. (CB 38,7).

San Juan de la Cruz, al llegar al final de su Cántico, donde el alma enamorada comienza a pregustar en esta vida la plenitud del Amado, se sirve todavía de los elementos de la naturaleza para cantar su experiencia amorosa Divina:

“Allí me mostrarías aquello que mi alma pretendía, y luego me darías allí tú, vida mía, aquello que me diste el otro día. El aspirar del aire, el canto de la dulce filomena, el soto y su donaire, en la noche serena, con llama que consume y no da pena. Que nadie lo miraba, Aminadab tampoco parecía, y el cerco sosegaba, y la caballería a vista de las aguas descendía” (CB 38-40).

Incluso la muerte es presentada como ‘amiga y esposa’, lo cual recuerda a la ‘hermana muerte’ franciscana:

“No le puede ser al alma que ama amarga la muerte, pues en ella halla todas sus dulzuras y deleites de amor. No le puede ser triste su memoria, pues en ella halla junta la alegría; ni le puede ser pesada y penosa, pues es el remate de todas sus pesadumbres y penas y principio de todo su bien. Tiénela por amiga y esposa, y con su memoria se goza como en el día de su desposorio y bodas, y más desea aquel día y aquella hora en que ha de venir su muerte que los reyes de la tierra desearon los reinos y principados” (CB 11,10).

“Razón tiene, pues, el alma en atreverse a decir sin temor: Máteme tu vista y hermosura, pues que sabe que en aquel mismo punto que le viese, sería ella arrebatada a la misma hermosura, y absorta en la misma hermosura, y transformada en la misma hermosura, y ser ella hermosa como la misma hermosura, y abastada y enriquecida como la misma hermosura” (CB 11,10). 

3) Retos para la Pastoral de la Espiritualidad en el Carmelo Teresiano

  • Con el Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, asumir el reto del Papa Francisco de una Espiritualidad Integral que abarque también el cuidado de la casa común como parte esencial de la mística cristiana, a partir de “la convicción de que en el mundo todo está conectado” (LS 16; cfr LS 42,86,89,91,92,138,139). Esto supone incluir en nuestra Pastoral de la Espiritualidad diversos temas íntimamente relacionados: la degradación ambiental, humana y ética (LS 56,8,119); la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás (LS 70); el pobre, el embrión, las personas con capacidades diferentes (LS 117); el aborto (LS 120); los excluidos (LS 139); la trata de personas (LS 91); la solidaridad y el civismo (LS 142); los sufrimientos de la naturaleza, del mundo y de los más pobres (LS 19,53); la relación con el vecino (LS 70,228); los desiertos exteriores e interiores (LS 217); la conversión ecológica (LS 217,219,216,220); los propios errores, pecados, vicios o negligencias (LS 218); una antropología integrada con la naturaleza (LS 118); la comunión universal (LS 52,164,220); la gratitud y la gratuidad (LS 220,228); los compromisos ecológicos (LS 64); la solidaridad intergeneracional (LS 159).
  • Presentar la Espiritualidad bíblica del Padre Creador, con todas sus consecuencias antropológicas, sociales y políticas (LS 75,140). Esto implica propiciar una mirada contemplativa de la Creación como lugar privilegiado para nuestra Pastoral de la Espiritualidad (LS 85,225,221), sin caer en un disimulado panteísmo (LS 88).
  • Promover una Espiritualidad del trabajo, que es la manera en que vivió Jesús de Nazaret y en la que viven todas las personas destinatarias de nuestra Pastoral (LS 98,125,126); y una Espiritualidad del Cuerpo como consecuencia del misterio de la Encarnación, con toda la riqueza ecológica de la Nueva Creación inaugurada por la Humanidad Gloriosa de Cristo Resucitado (LS 155,216,237).
  • Presentar una nueva Ascesis que brote de una mirada contemplativa del mundo como sacramento de comunión, donde podemos amar a Dios cuidando su creación y pensando en los más pobres que sufrirán las consecuencias de nuestro uso egoísta de la naturaleza (LS 9), combatiendo el consumismo con una sobriedad de vida (LS 222,223), una austeridad responsable (LS 214) y una sana humildad (LS 224). Implica también no quedarnos en una simple Espiritualidad ecológica, que está de moda, sino ir más allá, en su referencia hacia Dios y hacia los más pobres (LS 210,49,53,119,136).
  • Mostrar en nuestra Pastoral de la Espiritualidad el valor de los pequeños gestos amorosos en favor de una Ecología Integral, al estilo de santa Teresita del Niño Jesús (LS 230,231,232). Vincular la historia de amistad propia de la Espiritualidad cristiana y teresiana con la realidad geográfica de la naturaleza (LS 84). Potenciar la Espiritualidad Mariana con la dimensión ecológica realizada en la Virgen María (LS 241).
  • Promover una Ecología Interior en beneficio de los pobres a partir de la Espiritualidad Cristiana y Carmelitana (LS 148), y una interioridad sanada y armonizada con su Creador (LS 225). Orar y enseñar a orar por nuestra casa común, con la ayuda de las dos oraciones propuestas por el Papa Francisco, donde aparecen los diversos temas de Espiritualidad Ecológica abordados en la encíclica, de los cuales yo solamente voy a resaltar algunas frases significativas: “Después de esta prolongada reflexión, gozosa y dramática a la vez, propongo dos oraciones, una que podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente, y otra para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús:

Oración por nuestra tierra

Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza… Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción… Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.

Oración cristiana con la creación

Señor Uno y Trino, comunidad preciosa de amor infinito, enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, donde todo nos habla de ti… Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe. Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño por todos los seres de esta tierra, porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Alabado seas. Amén” (LS 246)