Panajachel 4 de marzo de 2019

Guatemala “…suelo vivo de los Mayas” (M.A, Asturias)

Los cristianos no podemos quedar impasibles ante las formas del mal, que siempre surgen del alejamiento de Dios. Es lo que aprendemos de Cristo, que siempre miró de frente y entabló contra el mal un combate radical. En su lucha, lo que nunca Cristo hizo fue lo que a menudo nosotros hacemos: evadirnos, descargar en los otros nuestra responsabilidad, acusar a los demás del mal que sucede en el mundo, culpabilizar a la sociedad de lo apurados que estamos. Hay, quien incluso va más allá y se enfada con Dios, al que imagina distante de las penalidades que marcan la hora presente, mudo y sordo ante las contrariedades que a tantos golpean. Cuántos son los que dicen: ¡A Dios no le importan las lágrimas de los que lloran! ¡Qué equivocados están!

A nosotos nos toca ponernos al lado de Jesús en la lucha contra el mal y el pecado. Nos toca tomar nuestra cruz y seguir las huellas de Cristo con confianza y humildad. Con la gracia y la fuerza de Dios, muy unidos a Cristo, hemos de presentar cada día batalla al mal. Son muchas las tentaciones que nos asaltan: la tentación del egoísmo, del consumismo desenfrenado, de la megalomanía, del pesimismo y de mediocridad, la tentación de la indiferencia, el aislamiento de los demás, el endurecer nuestro corazón para que las preocupaciones de los demás nos resbalen y no nos afecten.

Busquemos para ello un tiempo para orar, para pedir al señor que nos libre del mal, que no nos deje caer en la tentación. Seamos sembradores de bondad. Jesús María Sarasa