Una señora se acerca por una de las puertas laterales, se detiene, se persigna y se encamina hacia la imagen de Jesús que, vestido con una impecable túnica verde, carga una pesada cruz.

Al rato, en medio de la penumbra, se escucha el susurro de sus oraciones y el leve rechinido del reclinatorio de madera en el que está incada. Después de algunos minutos se levanta, enciende una candela blanca y, con gran solemnidad, la coloca a los pies del Hijo de Dios.

Dicen que hay una vela para cada santo. Por eso, muchos las ofrendan para pedir algún favor o para agradecer algún milagro.

Dentro de la espiritualidad maya, las velas y las candelas forman  parte fundamental en sus ceremonias, ya que representan la luz que brinda el fuego sagrado.